¿Viajar? ¿Para que?

Los enteógenos deben ocuparse con un fin. Al igual que cuando se va de viaje, se debe volver con algo de vuelta.  Ahora nos podríamos plantear la pregunta ¿Qué se trae de vuelta? Experiencia, cosas aprendidas, situaciones, lugares nuevos visitados, recuerdos, expresiones de una constante conocidos (personas que uno conoce cuando se va de viaje). Lo mismo es aplicable al uso de “enteógenos”, término  acuñado por Carl A.P. Ruck, Albert Hofmann, R. Gordon Wasson, que es traducible, como, “Dios dentro” “Que tiene un Dios dentro” en el  libro “Camino a Eleusis”, donde comentan sobre el ritual que los griegos llevaban a cabo, con la ingesta de una bebida enteogénica, llamada “Kykeon”, el cuál, funcionaba como ritual de iniciación en aquella sociedad.

En nuestro apurada, y constante vorágine, donde la selva de cemento y la televisión se han encargado de seducirnos, quitándonos (y nosotros permitiéndolo) nuestro contacto con la naturaleza, nuestro verde, los rituales se han perdido y así la sociedad se ha ido acostumbrando a lo rápido a lo instantáneo, en donde la inmediatez llega incluso a abarcar el uso de sustancias. Ya no nos damos el tiempo, el acto del meditar pasa a ser casi un lujo, un lujo necesario en esta sociedad actual, en donde medir nuestro actuar personal, llevaría a darnos cuentas de nuestro actuar global como comunidad, recordemos que cada uno somos una constante expresándose, una constante que es parte de un todo, teniendo una hiperconciencia, como colectivo humano, haciendo un guiño al planteamiento de  los “campos  morfogenéticos”. El tener una experiencia con un enteógeno, no es un juego «« por lo menos no debería serlo después de la primera experiencia»» puede ser divertida, lúdica, juguetona, pero como todo juego, nos debe dejar una enseñanza, y es ahí donde a veces se pierde el sentido, se queda atrapado el viajero en la sentimiento de “emancipación”, en la sensación “oceánica” donde nuestra conciencia vaga, sin un guía, sin un propósito, caminando como buscando algo, pasando de pensamiento en pensamiento, sin una directriz, sin un fin de trabajo personal y lo peor, creyendo por falta de conocimiento, que así debe ser.

 Recordemos que como dijimos en un principio enteógenos, se puede entender como “Dios dentro” o “que tiene un Dios dentro” por lo tanto, permiten un contacto con nuestro Dios (no estamos definiendo que es Dios) y a partir de ahí, de ese “estado modificado de conciencia” de esa conversación con la “conciencia dialéctica” que es nuestro viaje, podemos resolver situaciones arrastradas por largo tiempo, desatar nudos, replantear los apegos y el ego, mirar desde un aspecto mas amplio nuestro actuar, etc. ¿ Y Para que? he ahí el meollo del asunto, siendo que se supone que esto es lúdico, muchos lo hacen para vivir algo nuevo, no necesariamente trascedente, solo algo distinto, desaprovechando, el enorme potencial que tiene el uso de estas sustancias, para nuestra vida. Demás esta decir que cada enteógenos nos lleva a situaciones distintas, a enfrentarnos con experiencia distintas, por lo tanto, el trabajo que se nos dará, si estamos conscientes de escuchar, post vivencia será distinto.

El replantearnos situaciones, el mejorar nuestros actos, debe ser un compromiso, tanto para actuar mejor como individuo, y estar más consciente que nuestro mejor actuar como individuo, va a generar un mejor bienestar en el TOTAL; la sociedad (que ya esta bastante deteriorada) piensa, ¿que pasaría si todos mejoráramos nuestro actuar individual?, si miráramos nuestra “sombra” tomando el término junguiano, la enfrentáramos, conociéramos y  trabajáramos,  tratando de estar mas resueltos en nuestro diario vivir, viendo nuestros miedos, puntos negativos y virtudes, para así encontrar nuestro “Dharma” y llevarlo a cabo de la mejor manera posible.

Alucinación vs Visión ¿Qué Vemos?

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Alucinación vs Visión ¿Qué Vemos?

Comúnmente se asocia el término “Alucinación” a cualquier imagen o sensación percibida durante el uso de alguna sustancia o enteógeno. He ahí nuestro problema. Es sabido que el ser humano tiende ha expresarse de mala manera, y esto nos genera mas problemas a nivel de la comunicación, como una bola de nieve.

El término “Alucinación” comenzó a utilizarse a principios del siglo XVI, pero, en aquellos años, se refería a, «una mente que divaga». Posteriormente en 1830, un psiquiatra Francés llamado Jean- Etienne Esquirol, lo definió como lo conocemos actualmente [2].

Oliver Sacks en su libro “Alucinaciones” llama a cualquier alteración de las percepciones sensoriales como una alucinación; no hace diferencia si es patológica, por uso de enteógenos, generada por estados de ayuno extendido, respiración holotrópica, etc. No realiza la diferencia entre “”Alucinar” y “Visualizar” o “Visualización”. Casi siempre, por ejemplo, nos referimos a la alteración de las percepciones sensoriales como una alucinación, y de ahí que la sustancia “X” que ocasionaba tal cambio viniese a ser conocida como un alucinógeno (droga).  Sin embargo, el verbo alucinar impone de inmediato un juicio de valor sobre la naturaleza de las percepciones alteradas, pues significa ofuscar, seducir o engañar, haciendo que se tome una cosa por otra. Procede del latín [h]al[l]ucinari, divagar mentalmente o hablar sin sentido, y en esa lengua es sinónimo de verbos que significan estar loco o delirar. Además, según parece, fue tomado del griego, donde forma parte de una familia de palabras que implican movimiento incesante y agitación perpleja, tal como la causada por el duelo y la desesperación. A medida que avanzamos vamos viendo que en nuestra cultura occidental actual, el alucinar es presagio de locura, y por esto provocan alarma, ya que nadie quiere ser catalogado como “Loco”.

Hay ciertas sustancia anestésicas delirantes, que están mas próximas a desencadenar estados alucinatorios, como la Escapolamina y Ketamina [3] . Algo a tener muy en cuenta, la “Alucinación” tiende a aparecer y a desaparecer cuando a ella se le antoja, y no a usted.

En términos de la doctrina sufí, la visión (experiencia visionaria) consiste precisamente en el contacto que los hombres del mundo material podamos llegar a tener con las “inteligencias” que pueblan el mundo intermedio, especialmente con las del «âlam al-mithâ». El âlam al-mithâ es una de las cinco hadarât o “presencias”, es decir, uno de los cinco planos en que se epifaniza jerárquicamente la Realidad Suprema; concretamente el cuarto de esos planos o niveles, inmediatamente superior al plano físico de nuestra experiencia común que sería el quinto y último.

El «âlam al-mithâ» puede traducirse como “mundus archetypus” ya que es la misma palabra que sirve en Arabe para designar las Ideas Platónicas. Se puede denominar también como el mundo de “Imágenes en suspenso”, “Mundo Imaginal”, “Mundo de las similitudes o Arquetipos”, es una dimensión situada entre las esferas puramente espirituales ( alam al-ghaib «mundo de lo oculto») y materiales (alam ash-shahada «mundo de lo visible»).

En este mundo de lo “archetypus” de lo “Imaginal” (¡no de lo imaginario!), se encuentran todas las posibilidades del universo aún no realizadas, ya que es su principal fuerza impulsora. Es la Imaginación, como potencia creadora, que no tiene nada que ver con la imaginación que el hombre moderno identifica con “fantasía” y que, de acuerdo a él, produce sólo lo “imaginario”.

La naturaleza precisa de este status ontológico resulta de la visión y las experiencias espirituales. Debiera reconocerse que las formas y configuraciones en el mundus imaginalis no subsisten del mismo modo que las realidades empíricas del mundo físico; de otro modo, cualquiera podría percibirlas. La existencia de este mundo intermedio, mundus imaginalis, es un mundo cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo puramente inteligible; es más inmaterial que el primero y menos inmaterial que el último. Así encontraríamos la validez de los sueños, los rituales simbólicos, los mitos, la realidad de los lugares formados por intensa meditación, la realidad de visiones inspiradas imaginativamente. Ese mundo es el mundo de los “cuerpos sutiles”, cuya idea resulta indispensable si uno quiere describir un lazo entre el espíritu puro y el cuerpo material [4]. Dentro del plano material a los “peregrinos de espíritu” les es dado contemplar el âlam al-mithâ:

Durante el transcurso de una experiencia visionaria, el alma (una parte de nosotros) contempla algo en el mundo espiritual, en el âlam al-mithâ, entonces la imaginación activa configura una imagen que imita la realidad contemplada y proyecta esa imagen en el sensorium («Nuestra Vista Interna»); la imagen formada en el sensorium se refleja a su vez en la imaginación pasiva, y el observador o visionario contempla entonces las figuras del mundo espiritual.

El sensorium no sólo recoge las imágenes que le proporciona la imaginación activa, sino también todo lo que le trasmiten los sentidos externos y la memoria; y por su parte la imaginación pasiva o representativa, recoge igualmente todas las formas que se manifiestan en el sensorium, que procedan de las percepciones sensibles, de la memoria o de la imaginación activa.

Ann Shulgin en el libro “Tikhal” hace una distinción, donde, la persona, al darse cuenta de las alteraciones sensoriales (caleidoscopios, observar colores en la arena, etc.) sabe y esta consciente de que esto se esta produciendo por la ingesta de un enteógeno o droga, se trataría de una “Visualización” y NO de una “Alucinación” [3] . La delgada línea que separaría a ambos términos es el hecho de estar consciente que lo que se ve, es por la interacción de mi persona con una sustancia. De hecho, muchas culturas, a diferencia de occidente, que tiende a ver solo una molécula en una planta, cactus, u hongo, les llaman “Plantas Visionarias” , debido a que poseen los espíritus guiadores de las culturas arcaicas y se les venera, respeta y cuida, ya que son sagradas, porque despiertan la “mente” a otros niveles de conciencia. Son accesos a un universo espiritual, o multidimensional [1]. Lo que realizan los curanderos como “María Sabina” es la clara muestra de una visualización bajo el efecto de un enteógenos, en donde estos, ven a través del uso sacro, lo que el paciente quiere resolver.

           Algo que no se debe pasar por alto, es que a pesar que ya sabemos la distinción entre Alucinar y Visión, estas van mediadas además, por otros aspectos. Así la dosis a tomar debe ser medida, que no sea una dosis límite si es primera vez que probamos “X” sustancia, porque esto si puede desencadenar un episodio alucinatorio psicótico. El set & Setting, si mezclamos con alcohol (que es un tóxico), nuestro estado mental, en el momento; y así podríamos seguir en un largo etc.. lo óptimo, es aplicar la diferencia entre estas dos aristas; en nuestros estados modificados de conciencia, para que un “Nice Trip” no se vuelva un “Bad Trip”.

Bibliografía:

(1).- Pinchbeck D., (2007). Diversión con hongos. En Una historia de las drogas(pp. 92-95). España: RBA Libros.

(2).- Sacks, O., (2013). Introducción. En Alucinaciones (pp 9-14). Argentina: Anagrama.

(3).- Shulgin,A., Shulgin, A. (2015). Lugares de la mente. En Tikhal (pp. 260 – 262). España: Editorial Manuscritos.

(4).- Schimmel, A. (2007). Introducción al sufismo. Barcelona: Kairós

 

Ignacio Luna

Admirador y fiel creyente en los enteógenos y su utilización para hacer una mejor humanidad a partir de nuestra sombra. Investigador y lector de todo lo relacionado a antropología, etnobotánica, espiritualidad y emc. Viajero con los pies y con la mente --Ceo de entheos.cl y #AntropologiaPsicodelica.--